Neuroplasticidad y regulación: bases científicas del bienestar

Después de muchos años enfocado en la alimentación naturopática, llegando al punto de la obsesión, tuve una experiencia de quiebre que cambió mi enfoque. Me di cuenta que la alimentación no era lo más importante. Esta experiencia me abrió caminos a una nueva visión de la salud, fundamentado en la experiencia vivencial, así como en la evidencia científica actual. En este artículo, expondré esta epifanía.

Hace varios años estaba dando una charla sobre alimentación naturopática a un grupo de unos 80 adultos mayores. En aquel entonces era muy estricto, siguiendo y recomendando las dietas vegetarianas, práctica de yoga y ejercicio psicofícios, entre otros. Una señora mayor levantó la mano y dijo lamentándose frente al público: 

-Hijo, todos estos cambios son mucho para mí que tengo 80 años. 

Yo tendría unos treinta y tantos. De repente, el señor que más participaba, un adulto mayor muy activo, delgado, despierto, le dijo: 

-¡Pero si usted es una muchacha, yo tengo 104 años!

El público aplaudió. Era Juan Mijares, el mayor de ese grupo de estudiantes de la tercera edad. Se trataba de un hombre sereno, despierto, conversador, toda una celebridad en la organización. Y lo que le dijo a la señora era completamente honesto. Le llevaba más de 20 años. Es decir, esta señora nació, cuando ya Juan era un adulto. 

Seguimos con la charla y mientras daba el cierre no podía dejar de pensar en que si alguien nos podía hablar de bienestar, era este señor que con más de 100 años se veía tan vital, riendo y compartiendo. Por ello, le dije:

-Señor Juan, usted podría contarnos cuál es su secreto.

El señor Juan sonriente, respondió afirmativamente con la cabeza y comenzó a hablarnos con bastante detalle de cómo era su vida. Se levanta temprano, come con moderación (aunque come lo que come la gente común), realiza siempre ejercicios, procura siempre estar activo, escribe poesía, ayuda con la educación de sus bisnietos. Pero la clave fundamental fue cuando dijo:

-Procuro siempre ser amable.

Esas palabras hicieron un clic extraordinario en mi comprensión de la salud. Ser amable con los otros implica ser amable con uno mismo, implica permitir que el organismo se auto regule. Ser amable libera, lo que podemos llamar, la farmacia interna, aquellas sustancias (hormonas y neurotransmisores) que activan el poder de la regulación natural, es decir, de la auto sanación.

Resulta que este señor de más de 100 años, no es realmente estricto con la alimentación, no era vegetariano y además comía lo que normalmente la gente come. ¡Y está así de sano con más de 100 años!

Desde ese entonces, he decidido investigar más sobre las bases científicas del bienestar. La alimentación sigue siendo uno de los pilares más importantes, pero más allá de ello, está la forma en que abordamos el mundo, lo experimentamos, gestionamos las emociones y actuamos. La clave es ser amables.

Las bases científicas

Desde los inicios, la naturopatía ha planteado que existe una energía vital, que se expresa en cada ser vivo y que permite que el organismo se auto regule. Por ello, se enmarca dentro de la visión vitalista. Aunque el vitalismo se pensó superado por el avance de las ciencias, en realidad, parte de sus enunciados hoy se reconocen. Por ejemplo, en ciencias de la salud se habla de homeostasis refiriéndose a todos los procesos que ocurren de instante en instante para mantener el organismo en equilibrio. Regulación de la temperatura, equilibrio del pH, niveles de glucosa, hidratación, etc. La enfermedad proviene, entonces, en gran medida, por el desequilibrio generado al vivir en contra de las leyes de la naturaleza, entorpeciendo estos procesos de equilibrio. El equilibrio es, pues, el estado natural de los seres vivos.

Por su parte, la naturopatía tiene como objetivo vivir en función de las leyes de la naturaleza, lo que permite que esta energía vital fluya de la mejor manera. El Dr. Manuel Lezaeta Acharán lo expresó muy bien con la frase, “no cures, normaliza”. Normalizar implica ayudar al organismo a activar sus procesos de auto regulación y sanación a través de la desintoxicación, nutrición y estimulación adecuada, basándose en recursos naturales. 

Entonces, la alimentación naturopática es un pilar fundamental, pero quizás lo más importante esté asociado en la forma en que vivimos el mundo. Y la forma en que vivimos el mundo está asociado a su vez a la cultura en la que habitamos. Y cambiar esa forma en que entendemos el mundo, para realizar cambios de hábitos, requiere de neuroplasticidad.

Claves para cambiar de hábitos

Por mucho tiempo se pensó que la realidad era mucho más estática de lo que es. Incluso se pensó que el desarrollo de nuestro cerebro y sistema nervioso llegaba a un límite en ciertas etapas de la vida. La frase popular “loro viejo no aprende a hablar” expresa muy bien esta idea. Sin embargo, hoy se sabe que la realidad es absolutamente dinámica y que nuestro cerebro cambia permanentemente.

Resulta que el cerebro y el sistema nervioso tienen la capacidad de cambiar permanentemente en función de la realidad. A este cambio adaptativo se le conoce como neuroplasticidad. Entonces, loro viejo si aprende a hablar. Y de hecho, le conviene aprender permanentemente cosas nuevas para lograr el bienestar.

Si el señor Juan nos enseña algo, es que su permanente actividad hace que su cerebro de más de 100 años esté en excelentes condiciones. Y además de su cerebro, su salud en general. No es solo cuestión de herencia, sino también de decisiones constantes y formas de interactuar con el mundo. Se trata de ser amable.

La biología del amar

La palabra amable proviene del latín “amabilis” que significa “digno de ser amado”. Por su parte, el biólogo chileno Humberto Maturana acuñaba el término “biología del amar”, ya que aseguraba que la vida se sostenía en el amar. Para Maturana el amor es algo como un impulso vital que lleva a los individuos y especies relacionarse de forma armónica. 

Desde ahí podríamos incluso decir que esa relación armónica que tenemos con, por ejemplo, los microorganismos que habitan en nuestros intestinos llamados microbiota intestinal, es una relación amorosa y vital si ésta se mantiene armónica. Romper esa armonía trae múltiples problemas de salud. 

Lo mismo ocurre con la relación que tenemos con los otros seres humanos que nos rodean. Si son relaciones armoniosas, nos traen bienestar. Nuestro cerebro y sistema nervioso requiere de estas relaciones, de nuestras conversaciones, de nuestros sentires entretejidos armoniosamente. Si no hay relaciones con otros seres humanos y nos aislamos, o si nuestras relaciones son de conflicto, viene un proceso degenerativo crónico. 

Entonces, ser amable implica estar en coherencia con la energía vital y su poder auto regulador, auto sanador. Resulta que cuando estamos en armonía, serenos, alegres, cooperando, se activa la farmacia interna, la serotonina, también llamada hormona de la felicidad, la oxitocina, la hormona de los abrazos, dopamina, endorfinas. Todas estas sustancias son las que nos permiten experimentar lo que llamamos el bienestar y son las que activan los procesos de auto sanación. Por lo tanto, el bienestar no es solo alimentación y ejercicios, también es un estado mental y emocional.

De hecho, incluso cambiar de hábitos, implica primeramente un cambio de sistemas de creencias y la forma de gestionar las emociones, porque, como también afirmaba Maturana, todos los seres vivos, incluyendo el ser humano, somos primeramente emocionales. Y los humanos, somos seres emocionales que usan el lenguaje para compartir sus sentires y crear el mundo que le rodea, por lo tanto, también somos seres racionales. Pero toda racionalidad se sustenta en lo emocional. 

Así que para lograr el bienestar, lo primero es un cambio de sistema de creencias, lo que incluye cambios en la gestión emocional. Desde allí, todo cambio de estilo de vida y alimentación, se dan mucho más armoniosamente. 

La confianza, la primera medicina

Pero quizás lo más importante es entender que el estado natural del ser humano es el de serenidad y cooperación, por lo tanto, el ser amable. Y solo se es amable si hay confianza. Desde ese estado, se activa lo que hemos llamado la farmacia interna, activando a su vez los procesos de auto sanación. Por el contrario, cualquier proceso que nos saque de ese estado, activa el estado de alarma del sistema. 

Podríamos decir que el organismo tiene dos grandes modalidades: confianza o alerta. Estos pueden experimentarse en distintos niveles.

El estado de alarma coloca al organismo en modo supervivencia. En el modo de supervivencia, se reduce la farmacia interna y se minimizan los procesos de auto sanación, ya que el organismo prioriza mantener al organismo a salvo de un peligro, digamos, un depredador en la naturaleza. Aparece un tigre en la selva, y el humano percibe el peligro y el cuerpo se coloca en estado de alerta máxima. La única salvación será huir, pelear o esconderse. Para ello, aumenta la tensión arterial, la glucosa sanguínea, y la frecuencia cardíaca; se modifica la irrigación sanguínea, aumenta el ritmo respiratorio. La capacidad de pensar o racionalizar se minimiza, ya que la prioridad no es reflexionar, es simplemente actuar lo más rápido posible frente a la muerte. No es momento de mantener el sistema inmunológico, digestivo o de procrear. Estamos en desconfianza y no podemos ser naturalmente amables. Todo esto ha de mantenerse por poco tiempo hasta que se haya huido del tigre, se le haya vencido o se haya ido. Una vez a salvo, el organismo vuelve progresivamente a su estado de normalidad, a la confianza.

El estado de alarma es fundamental para mantener a salvo al organismo en momentos de peligro. Sin embargo, gracias al gran cerebro que tenemos, con una gran memoria e imaginación, podemos activar el estado de alarma por noticias, ideas, recuerdos o proyecciones mentales del futuro. La guerra, el fin del mundo, el cambio climático, el miedo a la enfermedad o a la muerte. Todos estos conceptos abstractos pueden activar el estado de alarma aunque no lo vivas en tu entorno inmediato. De hecho, la hacen permanentemente. 

El estado de alarma mantenido por largos períodos de tiempo, van deteriorando al organismo, alejándolo de su estado natural de bienestar. Si no experimentamos la confianza, no podemos ser amables. Y sin el amar, la vida se deteriora. 

La buena noticia de todo esto es que, gracias a la capacidad del organismo de aprender permanentemente, de modificar la forma en que vemos y actuamos en el mundo, tenemos una gran capacidad para activar esos procesos de regulación y auto sanación, de aprender y modificar nuestro estilo de vida y alimentación. Y lo más importante, es, encontrar ese estado de confianza y, así, ser amables, encontrando el bienestar natural.

Este estado de bienestar natural, implica un cambio de la forma en que vemos e interpretamos el mundo. La forma en que hemos aprendido a interpretar el mundo ha constituido nuestro cerebro físico, ya que va creando conexiones neuronales, que son con un cableado que se activa frente al mundo. Lo más increíble es que somos capaces de modificar a conciencia este cableado (neuroplasticidad). Vivir en función de la naturaleza, modificará no solo nuestras creencias y nuestro estilo de vida, sino que este cambio también modifica nuestro cerebro desde un punto de vista físico, para lograr permitir los procesos de regulación de nuestra energía vital. Este es el camino de la naturaleza, el camino del bienestar natural, el camino de un mundo nuevo. 

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